lunes, 25 de enero de 2010

(Cap. VI)

Era lunes. Había pasado todo el fin de semana sin pensar en mi “novio”.No me acostumbraba a pensar en él de esa manera, teniendo en cuenta la poca cantidad de tiempo en conocernos.
Tal vez lo que más me había ayudado a distraerme de Martín, fue la inesperada noticia que mi mejor amiga nos había contado: ya no era virgen.
Romina, no sólo era la primera de nosotras en haber tenido sexo, sino que también era una de las primeras de nuestro curso.
No pensaba que a los dieciséis años estuviera mal hacerlo, pero el hecho de que lo hubiera tenido relaciones  con un amigo suyo con el sólo fin de probar la experiencia, no me parecía correcto.

Hacía media hora que mi amiga Lucila había pasado por mi casa para entregarme entradas para un show que iba a hacer. De comedia musical, claro.
Cuando me las dio, me percaté de que estaba esperando que la haga pasar. Yo estaba realmente aburrida, y Lucila me había mencionado anteriormente por chat, que se encotraba algo deprimida, así que le permití quedarse.
Yo estaba ayudándola a realizar algunas modificaciones a su blog, cuando mi padre entró a mi cuarto:
- ¿Qué haces acá tan temprano? – le pregunté sorprendida.
- Te traje un regalo – me contestó. Aunque esa no era una respuesta que tuviera mucha relación a mi pregunta – Ya sé cuanto te gustan los vampiros , y…
Mi padre me dio una pequeña caja de plástico. Cuando abrí la tapa, ví dos colmillos largos y afilados.
- ¿Me compraste colmillos, papá?- le pregunte con una  nota de incredulidad.
- ¡Están buenísimos! – exclamó mi amiga – Son del estilo de True Blood.
- Si… - coincidió mi padre - ¿Ves la serie? ¿Tus papás te dejan verlo?
- Sí, la veo con mi mamá – le explicó Lucila – Pero el sexo no es explicíto. Osea, no muestran el coito.
“Te mato, te juró que te mato”, pensé. Temía que esta pequeña charla con mi amiga, hiciera que mi padre quisiera tener una charla de sexo conmigo.
En realidad, lo único que me asustaba, era que hiciera a Giselle partícipe de la conversación.
- Bueno…- comenzó mi padre – yo sólo vine a traerte el regalo, hago un par de cosas, y ya me tengo que ir a trabajar.
Probablemente miraría algo de televisión y luego se dirigiría a su inmobiliaria.
- Ok, ¡Chau pa!
- ¡Chau…! – mi amiga me miró con preocupación. No entendía que le pasaba – papá de Asha.
Mi padre nos sonrió y se fué. Cuando cerró la puerta yo estallé en carcajadas.
- Se llama Gustavo – le aclaré.
- La próxima vez, me acordaré – rió mi amiga – Ya que estábamos hablando de sexo…
- No estábamos hablando de sexo – la interrumpí.
- Ahora sí – alzó las cejas y sonrió sin enseñar sus dientes – Lo de Romi me re shockeo.
- A mí también, es que…
- ¿No es raro estar con alguien que ya lo hizo?
Su pregunta me tomó por sorpresa. Jamás me había detenido a pensar en eso.
- No se si ya tuvo sexo o no – le contesté.
- Asha, un tipo de veinte años y tan lindo, obviamente ya no es virgen.
Suspiré. No quería hablar de eso, sin haberlo hablado antes con Martín.
- Bueno, no sé. Cuando lo vea le preguntaré o algo.
Lucila asintió. Cuando no quería hablar de algo, ella sabía que no iba a hacerlo.
- ¿Querés quedarte a dormir a mi casa? – me preguntó mi amiga.
- Sí, obvio – contesté sin pensar - Voy a avisarle a mi papá antes de que se vaya.

- Hola Celeste – saludé a la hermana de Lucila al subir al auto.
- Hola – contestó a mi saludo.
- Vamos a comer a McDonald´s – me avisó la mamá de mi amiga, Flavia - ¿Algún problema?
- Ninguno – respondí con una sonrisa. Incluso estaba pensando que iba a pedir.
Cuando llegamos, el lugar estaba lleno de gente así que los padres de mi amigas no dijieron que vayamos a buscar una mesa y nos sentáramos a esperar.
- ¿Qué quieren pedir? – nos preguntó Damián, el papá de Lucila.
- Un cuarto de libra con queso – respondí.
- Yo también – dijo Celeste.
- ¡Un triple bacon! – exclamó Lucila.

Las tres tuvimos que subir las escaleras para encontrar una mesa disponible, y casi me infarto con la singular escena con la que me encontré. Martín, mi novio, estaba sentado en una mesa con otro chico casi tan atractivo como él. No estaban solos, otras dos chicas estaban sentados con ellos. Y parecía que ambos estaban coqueteando con ellas.
- ¡Ese es tu novio! – se escandalizó mi amiga.
- ¿Tenes novio? – me interrogó su hermana.
Ni yo, ni Lucila le respondimos. Ambas nos percatamos que la única opción de sentarnos, era pasando frente a ellos.

Tener que pasar frente a mi novio y ver cómo me engañaba , era horrible. Lo que me hubiera gustado hacer realmente era salir del local y mandarlo a la mierda. Pero habiendo venido con la familia de Lucila, simplemente no podía hacerlo.
- Hacete la que no lo ves, y yo te digo si te está viendo – me dijo Lucila.
Asentí a mi pesar. Cuando pase frente a ellos, fingí que me frotaba los ojos.
Me senté de espaldas a ellos.
- ¡Martín viene para acá!
- ¿Qué?, mierda. – dije lo más bajo que pude.
Sentí que alguien me tocaba el hombro. Sabía que era Martín, pero por alguna razón esperaba que fuera otra persona.
- Creo que tengo que darte algunas explicaciones – oí que decía Martín detrás de mí.

2 comentarios:

  1. aij no creo que Martin le esté engañando, pobrecillaa... :) me encanta!

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  2. AAAAAAAAAAAH ME ENCANTA!! JAJJA YA QUIERO VER QUE LE DICE ESE TRAMPOSO DE MARTIN!! AJAJAJAJ

    PUBLICA SEGUIDO PLIIIS GRAX

    BESOOS

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