lunes, 15 de marzo de 2010

(Cap IX)

Martín y yo íbamos a cumplir seis meses de salir juntos; y él me había prometido una sorpresa para nuestro pequeño aniversario.



Eran las seis, y estaba recostada sobre mi cama, esperando con ansias el anochecer para ver la sorpresa que mi novio. Lo único en lo que podía pensar era en sexo.


En que lo amaba y ya estaba lista para ello.


- Asha… - escuche que susurraba una voz femenina.


Me senté sobre mi cama y cerré mi laptop.


- ¿Giselle? – pregunté mientras apoyaba mis pies sobre el piso de mi habitación.


- No – me contestó aquella voz en otro susurro – Vení y mira en tu ventana.


Me acerqué caminando hacia mi ventana y vi que en el alfeizar estaba parada una figura femenina.


Ni mi cuerpo ni el de ninguna otra persona de estatura promedio cabría allí ni estando sentada.


Pero ella mediría apenas unos diez centímetros. Y tenía alas.


Era un hada.




Ella era tal y como me imaginaba; tenía un vestido bien corto violeta, el cabello rubio, sus pies descalzos, sus alas eran transparentes y brillantes y era absolutamente preciosa.


- Me llamo Haydeé – me dijo – Espero que no te hayas asustado.


- No – negué – La verdad, estoy emocionada.


Haydeé sonrió.


- Cerrá los ojos – me ordenó – Y extendé tus manos.


La obedecí.


- ¡Ay ! – exclamé a sentir unos fuertes pinchazos en las palmas. Abrí mis ojos instintivamente y dejé caer al piso lo que fuera que tenía en las manos. Una rosa.


- Perdóname – se disculpó – Soy un poco… torpe.


Haydeé saltó desde mi ventana al suelo y tocó el capullo de la flor.


- Ya le saqué las espinas. Ahora podés agarrarla.


Tomé la rosa y la deposité sobre mi cama.


- ¿Cómo le sacaste las espinas? – le pregunté por curiosidad.


- Tengo poderes para controlar cualquier aspecto de la naturaleza. – pese a aún permanecer en el piso , la oía a la perfección -. Desde sacarle las espinas a una flor hasta hacer florecer todo un jardín con flores marchitas.


- Eso es increíble – mentí. Luego de haber convivido por meses con un vampiro, sus poderes no me resultaban tan fantásticos.


Me volví a sentar sobre mi cama.


- ¿Sos amiga de mi novio? – le pregunté algo sorprendida.


Pude oír a Haydeé suspirar. Ella comenzó a volar hacia mí, el sonido de su aleteo me recordaba al de un colibrí.


Aterrizó sobre mi rodilla, era tan liviana que apenas podía sentir su peso.


- No porque seamos distintas criaturas tenemos que llevarnos mal- replicó molesta-. ¿De dónde salió esa supuesta milenaria enemistad entre vampiros y licántropos? Los humanos escriben libros y dirigen películas sobre eso. Me enferma.


- Perdón, es que yo pensé que…


- Un hada puede ser amiga de vampiro, lobo, ninfa, centauro, elfos, duende o incluso de algún demonio.


Ver como una criatura tan pequeña se defendía con tanta fuerza, comenzaba a rozar lo hilarante.


- El problema es que ustedes, los humanos, en cuanto notan una mínima diferencia, se alejan.


- De verdad, discúlpame – me excusé – No pensé que te iba a molestar tanto.


- Ahora ya sabes que me molesta – explicó ahora más relajada – Está anocheciendo, voy a irme.


Tan pronto como pronunció aquellas palabras, levantó vuelo. En cuanto atravesó mi ventana, pasó a formar parte de la oscuridad de la noche.


Oí el timbre de mi casa. Bajé las escaleras corriendo y abrí la puerta con tanta velocidad que casi se me cae la llave de las manos.


- No puedo creer que no le cuentes a tu padre sobre las cosas que hace Giselle y con quien – dijo tan pronto como cuanto puso un pie dentro de mi casa. Siempre decía lo mismo al ver que teníamos la casa para nosotros solos.


Me encogí de hombros.


- No quiero que mi papá sufra.


Ya lo había visto sufrir durante años la muerte de mi madre. No quería verlo herido nunca más , y mucho menos por culpa de una puta como lo era su actual esposa.


- Feliz aniversario – soltó Martín.


- ¡Gracias! – exclamé mientras lo abrazaba.


Cuando lo solté, él tomó las palmas de mis manos y dijo:


- Sabía que no podía confiar en Haydeé.


- ¿De qué hablas? Ella fue quien le sacó las espinas a la rosa, además de dijo que…


- Te dio su discurso sobre que las criaturas sobrenaturales somos más tolerantes que los humanos, ¿no? – sabía que él no es esperaba una respuesta- Tal vez tenga algo de razón. Pero, de hecho, las hadas son unos de los seres más malignos.


Abrí aún más los ojos por la sorpresa.


- Culpan a todos los humanos por el daño que ellos causan a la naturaleza y nunca dudan en tratar de herirlos o incluso matarlos. Haydeé podría haberle sacado las espinas a tu rosa antes.


Reí nerviosamente. Pese a que Haydeé me había gritado, jamás me hubiera imaginado que era tan cruel como mi novio la describía.


- Igual fue una linda sorpresa – le dije.


- Pero… no fue lo que esperabas –


- No, no – suspiré, y decidí contarle la verdad – Yo esperaba que… lo hiciéramos.


Martín me observó sorprendido.


- ¿Estás segura?


- Bastante.


Enarcó ambas cejas.


- Completamente segura – repliqué.


Suspiró.


- Por supuesto – dijo tratando de ocultar una sonrisa – Pero no ahora. Quiero que tu primera vez sea más especial de lo fue la mía.


- ¿No tendría que ser espontáneo, o algo así?


- Sí, pero… - trató de buscar las palabras correctas - ¿Te gustaría hacerlo en tu casa? Tu padre o Giselle podrían llegar en cualquier momento.


Resoplé molesta. Tenía razón.


- ¿Hay algún riesgo de algo? ¿Embarazo?


- Los vampiros no podemos enfermarnos. Así que tranquila no corres ningún riesgo de contraer sífilis o gonorrea – rió.


- No hablaba de eso – me defendí – Hablaba de que tal vez podías perder el control y lastimarme.


- No, no hay ningún problema con respecto a eso, ni siquiera los neófitos corren el riesgo de poder herir a nadie. A menos que quieran herir intencionalmente, por supuesto.


- ¿Y con el embarazo?


- Él único fluido que tenemos en el cuerpo es la sangre. Ya te lo había dicho


Asentí con la cabeza y clavé la vista en el suelo. Todo lo relacionado con el sexo aún me hacía sentir algo avergonzada.


- No pareces lista.


- En unas semanas voy a cumplir los dieciocho años – puntualicé. Era tres de febrero y mi cumpleaños era el dieciocho.-. No soy una nena.


- Casi lo había olvidado – lo miré con odio -. Había estado esperando este momento hace mucho. Tranquila, te vas a adaptar rápido.


- Hablando de ese tema… - comencé – No sé si estoy lista para eso.


Me miró confundido.


- Pero sí lo estás para el sexo. Ya terminaste la secundaria, no tenés más experiencias humanas por vivir


- Es distinto – dije con fastidio-. El mayor problema son mis amigos. Los amo a todos y no sé cómo despedirme de todos.


- Podés hacerlo en tu cumpleaños – me rogó. Estaba casi desesperado por convertirme.


- No sé. Capaz necesite unos años para pensarlo.


- No lo pienses mucho. Si algún vampiro supera los cuarenta años de edad la corte de los vampiros y licántropos te ejecutarían.


- No estaba hablando de décadas , Martín. Un año , sólo eso te pido.


Martín alzó la vista hacia el techo. Sus ojos estaban cubiertos de sangre.


- ¿Estás llorando? – le pregunté. Él me había explicado que las lágrimas de un vampiro eran sangrientas. No había más líquidos dentro de su organismo más que sangre.


- ¡No! – rugió mientras se secaba los ojos – Tengo miedo por tu vida.


- Ya viví diecisiete años sin ningún riesgo de muerte. Creo que por unos años más no me va a pasar.


Resopló.


- Hay algo que nunca te dije con respecto a mi pasado.


Supongo que lo observé con preocupación, porque él me contestó:


- Nunca quise ocultártelo, pero no sabía que iba a ser necesario que lo sepas.


- ¿Pero qué es? ¿Qué pasa? – pregunté preocupada.


- Tengo sospechas de que una vampira va a tratar asesinarte.

2 comentarios:

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