lunes, 15 de marzo de 2010

(Cap X)

Realmente necesitaba dormir esta noche. Aunque hubiera preferido dormir  durante el día. De esa forma encontraba una forma de distraerme para no pensar en Asha.


Abrí la puerta de mi casa y entré a mi departamento. Me sorprendí al ver que las persianas estuvieran abiertas.

Durante el día, mantenía toda mi casa a oscuras para no herirme con la luz solar. Y por las noches estaba todo el tiempo con mi novia, y prefería mantener mi casa con esta misma oscuridad para no perder tiempo.

Cerré la puerta con llave y bajé las persianas de mis dos ventanas.

Olisqueé el aire al percibir un aroma familiar. Se trataba de un vampiro. No era ninguno de mis amigos; Jonathan estaba visitando a Pía y a Gonzalo, y Brenda estaba con Máximo (aún no me acostumbraba a la idea de ver a la hermana de Jonathan y a mi mejor amigo licántropo juntos) en Europa.

- Mierda – insulté al reconocer a la dueña de ese atrapante aroma.

Abrí la puerta de mi habitación con tanta violencia que chocó contra una pared.

- Alguien está enojado – rió Cynthia. Estaba recostada sobre mi cama y sólo usaba una camisa mía.

- ¿Qué haces acá? – le espeté.

- Hace mucho que no estas con los de tu clase.

- No tengo que estar siempre con los de mi clase.

- Sé que te estás viendo con Jonathan – me dijo – Y Gonzalo es un demonio, y Máximo un hombre lobo.

- Entonces el problema es que no estoy con vos.

- En parte – admitió – Y te estás perdiendo de miles de fiestas con tus iguales. El fin de semana pasado fue salvaje.

- No tengo ninguna obligación a asistir – afirmé -. Ahora mismo estoy ocupado. En cuanto este nuevamente libre voy a volver a mi vida normal.

Lo que en realidad significaba que en cuanto Asha fuera vampira, ambos asistiríamos a esas fiestas, juntos

- ¿No me extrañas? – soltó Cynthia de repente

- Para nada – dije con crueldad – De hecho tuve amantes humanas que fueron mejores.

- ¿Tu nueva humana es mejor que yo? - soltó con voz quebrada

Si mi corazón aún siguiera latiendo, probablemente se hubiera detenido.

- Te vi salir de su casa. Ella tiene un jardín muy lindo, con pileta – sonrió.

- Alejate de ella.

- También es muy joven, y frágil.

- ¡No te acerques a ella! – rugí.

- Capaz puedas cuidarla durante la noche. Pero durante el día, puede ocurrirle cualquier cosa.

- No tenés amigos que caminen durante el día - dije con toda la crueldad de la que era capaz -. En realidad, no tenés amigos.

- No. Pero sí mucha gente que me debe favores.

- Al fin ser una puta te sirve de algo.

- Yo sólo quiero estar con una sola persona – dijo arrastrándose desde la cabecera de mi cama hasta mí.

- Yo también – dije alejándome de ella.

Cynthia se levantó de mi cama y comenzó a desabrocharse mi camisa.

- Voy a devolverte la camisa – dijo con una sonrisa seductora en su rostro.

- Te la regalo – dije secamente – Ahora salí de mi casa.

Ella suspiró.

- No te acuso con Nicanor porque también te matarían a vos- dijo. No estaba del todo seguro de si no ocultaba algún otro motivo oculto-. Pero si algún otro vampiro te descubre, te va a denunciar.

- No voy a dejar que le hagas nada.

- ¿Le vas a pedir ayuda a tus amiguitos? ¿Vas a poner en peligro sus vidas por una simple humana?

- Voy a hacer lo que haga falta.







- Pero ella todavía puede matarme antes de mi cumpleaños – dijo Asha preocupada – Vas a tener que convertirme ahora.

- No va a tratar de hacer nada – le aseguré – Si le va a pedir ayuda a algún licántropo, elfo, demonio o cualquier criatura del día; tendría que ponerme en evidencia.

Asha meditó por unos segundos.

- Y no quiere hacer nada que te perjudique porque está enamorada de vos – intuyó.

- Con Cynthia es imposible saberlo. Pero sí, supongo que está enamorada de mí.

Mi novia me observó con preocupación.

- Ella no es nada para mí – le aclaré. Aunque no creía que fuera necesario.

Ella suspiró.

- Esto es tan difícil – repuso con tristeza -. No me quiero despedir de mi amigos, pero si no lo hago una vampira despechada me va cortar la garganta.

- Perdóname, de verdad – me disculpé. De haber esperado a conocerla un sólo año más , ella no estaría en esta situación. Yo era el culpable de todo lo malo en su vida.

Y a pesar de todo no me arrepentía de nada de lo que había hecho.

- ¿Sigue en pie lo de este sábado? – preguntó de repente.

La mire confundido.

- Si vos querés…

- Sí. Ya estoy lista para el sexo - dijo con una pícara sonrisa.

Ambos habíamos llegado al acuerdo de que este sábado íbamos a hacerlo por primera vez.

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