lunes, 15 de marzo de 2010

(Cap XI)

- ¡Feliz cumpleaños loquita! – me felicitó mi amigo Alvaro con un gran abrazo. Con el pasar de los años aún seguía intentando mantener esa imagen de “chico urbano”. Usando gorras y bandanas en la cabeza , y escuchando reggaetón, cumbia y hip hop.

- Feliz cumple – me dijo Ian tan tímido como siempre.

- ¡Es mi turno! – vociferó mi mejor amiga Romina. Empujó a mis amigos y me dio un fuerte abrazo - ¡Feliz cumple amiga! ¡Te amo!

- Ahora es mi turno – dijo Luisana con un tono severo y me abrazo con fuerza.

Luego me abrazaron el resto de mis amigos; Nadia, Lucila, Lautaro, Mariano, Dalila, Nahuel, Bárbara y Valentina.

- ¿Y cuándo vamos a conocer a tu novio? – susurró Mariano en mi oído. Mi padre estaba ahí, y todos sabían que lo había mantenido en secreto. Martín había insistido en que no se lo contara por su propia seguridad. Pero eso no tenía ningún sentido porque se había presentado con mis mejores amigas, y esta noche lo haría con el resto.

- Está noche en “El Sótano” lo van a ver – le contesté. El Sótano era un bar al que íbamos de vez en cuando.

Primero íbamos a cenar en mi casa y luego íbamos a ir a festejar mis dieciocho allí.

- ¿Qué te regalaron? – me preguntó Dalila.

- Un vestido, un par de aros, un perfume, un collar, y mi papá y Giselle… - mi sonrisa se ensancho-. ¡un auto!

- ¡Hija de…! – musitó Lautaro - ¿Qué auto?

- Un Chevrolet Corsa Classic – expliqué – Es del 2006 pero el kilometraje es de apenas 10000 kilómetros.

- ¿De qué color es? – inquirió Nadia.

- Rojo, me encanta. Y hoy hago el primer viaje.

- Chicos ya está la cena – avisó Giselle.

Por poco estalló en carcajadas. Ya que la cena consistía en pizza comprada.

Me pase toda la cena hablando y riendo con mis amigos. Me sentía increíblemente feliz. Tal vez esa felicidad se debiera en parte al hecho de que Cynthia aún no me había matado.

- Chicos – dije de pronto – Les quiero decir algo

- ¿Pasa algo? – preguntó Nahuel - ¿Todo bien?

- No hay ningún problema – contesté – Es que quiero que todos sepan que los amo a todos y que fueron y serán una parte muy importante de mi vida. Y si nuestros caminos se separan o por esas cosas del destino dejamos de vernos, quiero que lo sepan.

- Te pusiste re cursi – se carcajeó Lucila.

- Mal – concordó Luisana – No porque terminamos la secundaria vamos a dejar de vernos.

Suspiré. Con la amenaza de Cynthia tendría que transformarme en cuestión de días, y Martín me había avisado que iba a tener que alejarme de todos. Y aún no quería abandonar mi vida humana.

- ¿Y si vamos yendo al bar? – propuso Bárbara mientras se trenzaba su rubia cabellera.

- Sí ya casi son las dos – comentó Valentina- Si no vamos ahora se va a hacer muy tarde.

Todos nos levantamos de la mesa y nos preparamos para irnos. Luego de designar quien iría en cada auto, ya estábamos listos para irnos en la que podría ser la última salida con mis amigos.

- Ash – me llamó mi padre cuando estaba saliendo de la casa – Vení, quiero contarte algo antes de que te vayas.

- ¿Qué pasa? – inquirí

- En un arranque de locura, mientras pensaba que darte para tu cumpleaños – eso no sonaba demasiado bien -, alquilé una casa en España para nosotros tres.

- ¡Papá! – exclamé agradecida.

- Pero yo no voy a poder acompañarlas. Tengo mucho trabajo.

- ¿Acompañarlas? – pregunté con desconfianza, aunque ya sabía la respuesta.

- Sí – respondió – Vas a ir con Giselle. Ella está muy emocionada con acompañarte.

Resoplé. Por supuesto que iba a estar emocionada, ahora iba a engañar a mi padre con europeos sin tener la necesidad de inventarle historias a mi padre.

Pero ni la puta de Giselle o la psicótica de Cynthia iban a arruinarme el día. Simplemente nada podía perturbarme.

O al menos eso creía.

- Bueno, con tal de ir a Europa – dije, y mi padre me miró con fastidio – Ya me tengo que ir , nos vemos.

- Nos vemos, hija – dijo para luego agregar – El vuelo es mañana a las nueve de la noche.

Le di un abrazo y salí corriendo a la calle a estrenar mi auto nuevo.



Me tocó viajar con Alvaro, Romina, Nadia e Ian. Les conté sobre mi viaje a Europa y lo molesta que me sentía de viajar con mi madrastra.

Todos mis amigos sabían la real zorra que era ella, él único que parecía ajeno a ello era el inocente de mi padre.

Fuimos los primeros en llegar al bar. Me gustaba conducir rápido.

Por eso preferimos esperar al resto en la puerta.

- ¿Cómo hiciste para sacar el registro? – preguntó Alvaro- Los dieciocho los cumpliste hoy.

- No tengo el registro – confesé.

- ¿Qué? ¿Estuvimos quebrando la ley? – preguntó Ian preocupado – A la vuelta maneja Nadia , que es la única que sí lo tiene.

- Obvio. Acá la más responsable soy yo – ironizó Nadia

- Entonces estamos muy mal – rió Romina.

A los diez minutos ya estábamos todos y entramos al bar. Buscamos unas mesas y fuimos a la barra a buscar algunos tragos.

- Ro , vos no podés tomar – bromeé – Todavía tenés diecisiete.

- Lucila también . Aparte ya tomo desde los quince – me contestó y luego me sacó la lengua.

Mientras tomaba un vaso de cerveza , oí que alguien me susurraba al oído:

- Feliz cumpleaños.

- ¡Hola! – saludé a mi novio -. Muchas gracias.

- Hola Martín. Tenés que conocer al resto del grupo – dijo invitándolo a acompañarnos a nuestra mesa-.Todos tienen mucha curiosidad.

Él sonrió.

- Bueno, pero espera que voy a buscar un par de amigos – avisó Martín.

Romina se fue hacia nuestra mesa y yo acompañe a Martín a la puerta del bar para esperar por sus amigos.

- ¿Quiénes vienen? – pregunté.

- Jonathan – respondió – Y otra vez me dijo que te preguntara si…

- Que ni se le ocurra que va a tocarle un pelo a una amiga mía – lo interrumpí

- Ya se lo dije – me aclaró. Se veía algo avergonzado -. Y también viene otro de mis mejores amigos, Máximo.

- ¿Y… qué es?

- Un licántropo – dijo riendo.

- ¿Hay algún peligro de que se convierta así de la nada?

- Eso sólo le pasa a los licántropos cuando son niños. Máximo ya puede controlarse a la perfección.

- ¿Y tiene novia?

Enarcó una ceja.

- ¿Para que querés saber?

Suspiré.

- Por curiosidad

- En realidad es un secreto – me explico – Pero , sí .Esta saliendo con la hermana de Jonathan.

- ¿Jonathan tiene hermana?

- No es la hermana real, pero se dicen así porque los dos tienen el mismo creador.

- ¿Y por qué es un secreto? ¿Es por qué ella es una vampira?

- No – negó – No hay ningún problema con eso. El problema es Jonny.

- Ah – comprendí finalmente. El no tan usual cliché de la relación entre tu mejor amigo y tu hermana.

- Jonathan no tiene ni idea, te ruego que no digas nada.

- ¿Qué tan boluda te pensás que soy?

Martín reprimió un sonrisa, y lo miré molesta.

Finalmente salimos a la puerta del bar y conocí a Máximo. Tenía el cabello rubio y ondulado, le llegaba hasta los hombros. Sus ojos eran azul oscuro y su tez color beige.

Parecía ser un tipo muy simpático , ya que tan pronto como me conoció me saludó con un fuerte abrazo.

- Sos muy fuerte – le dije casi sin aliento.

- Perdoname – se disculpó – No estoy acostumbrado a abrazar humanos, son muy frágiles.

- Eso sonó un poco ofensivo – bromeé.

- Tranquila , dentro de poco ya vas a ser uno de nosotros – sentenció Jonathan con voz gutural.

- Vamos adentro – dije súbitamente para cambiar de tema – Quiero que conozcan a mis amigos.

- ¿Y nosotros no somos tus amigos? – repuso Máximo con tristeza. Yo me quede callada sin saber que contestar – No pasa nada , somos tan divertidos que ya vamos a ser amigos.

- Siempre y cuando Jonathan no muerda a ningún amigo mío… -dije con una sonrisa nerviosa en el rostro. Jonathan asintió riendo y volvimos al bar.

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